lunes, 4 de noviembre de 2013

“火災 の 傷” (Herida del Fuego)


A veces quiero dibujarte con mis palabras,
pero me he vuelto torpe, 
llena de llagas, llena de desenfrenos
subestimada, sobrestimada.
Si ni siquiera sé quién soy
¿Cómo es que lo saben los demás?
¿Es que acaso tocan más superficie de la que poseo?
Tal vez he vuelto a mi niñez,
a mis complejos narcisistas,
a mi inmadurez.
Me vuelvo (vuelco) poco a poco
a lo primitivo,
el huevo, lo busco en la soledad
deseo ese silencio placentario,
ese aún no llegar al mundo.
Sin embargo, tu inercia me vuelve inerte,
a una velocidad que no conozco, 
pero me agrada.
Oscilo, entre tú y yo,
en ese espacio intersticial del enlace
carcomido por nuestras palabras.
¿Porqué nuestros silencios se ha vuelto tan fugaces?
Te extraño, con tus afanes de sonreír
de mirar durante horas el mismo punto en mí,
intimidándome.
Quiero que estés aquí, o en el más allá,
naufragando frente a mí,
posibilitando nuestros choques.
En lo concreto ya no queda nada,
no quedas tú ni yo, ni ellos.
No hay refugios, ni consuelos
y a veces escapo, de ti
dejando libre mi banalidad, 
esperando volver a coincidir contigo
en universos más próximos,
pero en otras dimensiones.
No abuses, que no abusaré de nos
de lo que te tengo de mí, 
de lo nos tuvimos en oportunidades.
Buen viaje, Samurái.
Espero, con esperanza
que tu irrealidad no enloquezca tanto
como mi connivencia en su estadía póstuma.





lunes, 10 de junio de 2013

Ya no era el mismo.
Yo tan caprichosa y él tan distinto.
Sus ojos, sus ojos, sus ojos,
sus ojos ya no bailaban con los míos,
se desdoblaban.
Yo tan culpable y soez,
quería quererle,
quería ser sostenida siquiera una vez,
pero sus brazos pesaban en mi cintura.
¿Quiénes éramos? ¿Quiénes éramos "antes"?
El olvido se había escurrido entre nuestras yagas,
entre tantas heridas que nunca cicatrizaron.
Tu voz tan lejana, casi de palo.
El sonido de una gota frívola 
reverberaba más que mis pensamientos...
La anarquía nunca me había parecido tan cruel.

sábado, 27 de abril de 2013

Y a veces, el caos es el único orden que tiene razón de ser.

VII



¿Quién lo entendería? ¿A quién contarle? Es cierto, me bajan esos lapsus mortales de humano con comportamiento rutinal. ¿Dónde quedo mi auténtica máscara que nunca revela lo cierto de mi existir?
Actúo, de preferencias sin explicar los porqués y he ahí el dilema: aquel instante en que comienza el juicio, indoloro pero incómodo; pues inicia ese sentimiento de no entender, de sentirme afuera de todo este universo y ¿Qué hay fuera del universo? ¿Nada? ¿Materia/energía oscura? ¿Soy aquello de lo que no se tiene información?
Vivo normalmente, anhelando el agobio o quizás el inhibir mi actividad cerebral. Bebo palabras que otros vomitan; mis ojos cansados ya no pueden si quiera morir, aún así sonrío; ilumino lugares, esculpo obras de otros poseedores, expando visiones. Espero momentos para escapar, pues soy una oportunista que en parte, agradece  sobrevivir en este sobre-explotado y monótono universo idiomatizado, donde es un desafío actuar por instinto, des-fragmentar aluciones, concretar aforismos. 
Es excitante conocer la contienda, pero aún así me inquieta la posibilidad de que el  infiltrarme logre convertirme en una más de los adictos a la verdad.

II

Sentía miedo, o más que eso, terror. Tenía terror de convertirme en una persona fría o de que él me viera como tal, nunca me importó lo que la gente pensara de mí pero justo en ese ridículo instante  todo se volvió tremendamente importante. Mis gestos, mi respiración, mi tono de voz. Mi voz que por minutos no escuché y aunque intenté hablar en variadas ocasiones su mirada siempre podía más que cualquier atisbo de voz que pudiera forzar. No quería decir algo en lo absoluto y estoy tan segura (pero tan segura) de que él lo comprendía a la perfección, -y- aún así, la esperaba. Esperaba la palabra concreta, una sutura para esta herida que no paraba de sangrar. Era la primera vez que perdía los estribos, mi mente recordaba  todas aquellas frases tan peculiares de mi inherencia, buscando un qué decir, condicionado por un qué sería lo indicado… Recordé la clase de matemática y luego la de historia, la de biología que tanto odiaba pero que a la vez esperaba con ansias pues era la última del día.  Sentí, sobre la cabeza, la mano de papá revoloteando mi cabello y lo añoré, lo añoré tanto.

¿Cuántas películas podrían pasar por mi cabeza en tan solo segundos? ¿Cuántas debían pasar?

“No puedo…” fue lo único que pude pronunciar. Lo amaba y él lo sabía. Siempre lo supo,  desde que me ofreció fuego para mis cigarrillos artesanales… Jaja, lo supo incluso antes que yo misma.

Puente decadente.

    Últimamente se hacen más frecuentes; sí, aquellos arranques de querer matar a todos, de sentirme sola... ¿Hace cuánto que no estoy sola? Esas voces que nunca acallan,¿Qué hago?.  
   Soy una vasalla de mí misma, ¿Cómo es que apuesto-entonces- a la libertad? Me siento enferma, a diario, imposibilitada frente a lo comunicacional y no me refiero simplemente a lo fático, si no también a lo ilocutivo, a mi impotencia constante de mi exteriorización. No quiero puentes, no los quiero. Quiero silencio, solo yo y solo yo. Descansar de ese insistente ir y venir banal de palabras aún más banales.
   Me agobio de sed. Tengo pena, mas no reparo en llorar, siento nostalgia de mí misma. ¿Quién soy? ¿Qué me están haciendo? Me cuesta distinguir la agencia de los sucesos, si es que soy yo o es mi noséqué subconsciente, inconsciente y esas cosas Freudianas que acotan el vivir.

  ¿Qué hago? ¡Si tan solo pudiese descansar de todas estas significaciones! ¿Qué hago? ¿ Maquinizar-me? ¿Olvidar mi ego? ¿...? ¿Llega mi dolor a ser consciente? ¿Llego "yo" a serlo?

    Alguien golpea la puerta, no iré a abrir. So los espíritus que buscan mi cuerpo, lo sabía. Él nunca me creyó. Nadie nunca lo hace, ¿Cómo arriesgarse a repetir un patrón tan mortífero? Nunca creeré en la diferencia y sí, los culpabilizo a todos: sin excepción. 

   Todo sigue igual, con el mismo color, es solo que las hojas ya no fingen sombras ni el sol calienta la arena. Uf, ni en la soledad puedo dejar de escucharle, ¿Qué quiere?

Si tan solo, si tan solo...tú.

martes, 26 de marzo de 2013


Starry Night - Vincent van Gogh (1889)

Tenía mucho que decirle, que pena que tan solo contaramos con minutos; minutos que se nos iban en en el simple hecho de decidir que hacer con ellos. Tan solo nos miramos, quizás esa fue la mejor manera de alargar nuestro encuentro... Ahogarnos en nuestras miradas eternizándolas hasta hoy.

lunes, 25 de marzo de 2013

"Quería reírme por siempre y ahogar esas penas que dilataban mi inestabilidad, quería olvidar que el tiempo era irremediable, quería que te quedaras unos segundos más. Siempre lo quise, es por eso que aún conservo aquellos recuerdos."

domingo, 17 de marzo de 2013

Comprendo; de hecho es un poco extraño, para algunos vivientes, el actuar humano; el cómo en ciertos instantes carece de lógica o racionalidad; pues en sí, el humano es naturalmente un animal, pero creo -con vehemencia- que cada vez nos alejamos un poco más del origen, olvidamos y reprimimos conductas, nos "tranquilizamos" atestando nuestra psique de pensamientos homo sapiens y - por supuesto - nos caracterizamos de tal forma.

Es todo un redundancia. Suena así y es así; lleno de lo mismo siempre, variando en ciertos factores que generan un contextualización o adaptación de la percepción temporal/espacial (o más bien una inclusión a); sin embargo, el mecanismo sigue intacto en lo esencial, camuflado, pero en lo posible, retratado en la misma estructura.


¡Señores, la mesa esta servida!

domingo, 27 de enero de 2013

Coetáneo en la (com)plicidad.



(Parpadeó y todo había acabado/empezado)
Siempre todo es en cosa de segundos ¿no?- dijo.

En cosa de segundos ¿Qué? - le preguntó su acompañante.

El “amor”, como ellos lo llaman. Tan solo pasan unos días y puf, se enamoran, se desenamoran.

Realmente tienes un grave trastorno en tu percepción del tiempo ¿Sabes?

¿Qué importa? Ella ya no está aquí.

¡Uf, y por lo que veo no solo en el tiempo! ¡Despierta, Matt. Ella nunca estuvo contigo! Que te lo hayas imaginado es una cosa totalmente distinta. ¿Qué te sucede? Últimamente ya ni siquiera diferencias la realidad de tus fantasías.

¿Entonces porqué siento como si ella sí lo hubiese estado? Tú no sabes nada.

Si tú lo dices, entonces supongo que no.

No sabes la forma en que me ha mirado durante todo el semestre.

Matt, ella tiene novio. Te mira porque eres el más inteligente de la clase y debe copiarle a alguien.

No lo creo, si quisiera copiarme tan solo me lo pediría. Y nunca lo ha hecho. Además de que no creo que necesite copiarme, le va excelente.

Uf,Tú y tu típica teorización de los hechos. ¿Porqué en vez de gastar tanto tiempo calculando probabilidades no te paras del asiento y la saludas?

Tiene novio, tú lo has dicho.

Sí y qué. Tú dijiste que te había mirado.

Pero tú has dicho que eso no significaba nada.

¿Ahora la culpa es mía? 

No te estoy diciendo eso, S-

Entonces ¡Qué! ¿Ah?

Tú realmente tienes problemas para socializar con los demás.

Ja-ja-ja. Si me lo dices tú, claro que te creo. Dime cuántos amigos tienes, A ver.

Mmm… No lo sé.

¿?

¡”No lo sé” te estoy diciendo!

¿Y yo qué?

Tú no cuentas, Seb.

¿Porqué no?

(Profesor) Sr. Fisher, ¿Qué hace ahí ? 

Mmm… ¿Qué?

Mmm… Bueno, bueno, sea lo que sea luego tendrá tiempo para ello. Hablemos del proyecto de Física Cuántica.

Cómo usted diga.- Entran al laboratorio y entre platicas comienzan a idear el seminario. Acto seguido saca el cuaderno y comienza a dibujar partículas elementales, acompañadas de ciertas fórmulas que hasta el momento no lograba relacionar. La hoja cuadriculada cada vez se llenaba aún más de garabatos hasta que de pronto divisó en la esquina de la misma, un aviso: ” 5:00 pm. Biblioteca primer piso, vitrina a-027”. Miró la hora y eran las 5.03. observó de soslayo al profesor y entre excusas dijo que iría a buscar un libro. Abrió la puerta de la biblioteca  y llegó al estante a-027.

Estás retrasado, Matty.

¿Sofía? ¿Qué haces aquí?

Te dije que nos juntáramos a las 5. ¿No lo recuerdas?

Claro que no, eso nunca sucedió. Pensé que Seb…Que  Seb necesitaba algo. Olvídalo, estoy ocupado. Permiso.

¡Matías!- Gritó.- ¿Qué te sucede? ¿Quién es Seb? Hace semanas que no me hablas ¿Crees que yo no me la he pasado mal? Me ignoras por los pasillos, yo no tuve la culpa de nada.

¡Estás loca! ¿A qué te refieres? y ¿Cómo es eso de que no sabes quién es Seb? Es nuestro nuevo compañero  de clase.

¿Nuestro nuevo compañero? No hay nadie nuevo en el salón , Mat-

No  jodas, ¿Ya? No tengo tiempo para este tipo de charlas.

¿Entonces para qué tipo de charlas tienes tiempo, Matty? ¿Acaso te olvidaste de Val, te olvidaste de Teo? Hablas de un tal Seb. ¿Hasta que punto ha llegado tu locura? - dijo mientras caían lágrimas por sus ojos.

El joven cedió ante las lágrimas de la chica, la sostuvo entre sus brazos y le dijo que tenía que ver un doctor que le ayudara con su problema. De pronto una fuerte bofetada  lo desplazó del eje de su cuerpo. La muchacha enfurecida, lloraba tapándose la boca para que no la oyeran. 

Más allá…- Una foto, sí.Es una foto- pensó. Se acercó para observarla y se vio reflejado en ella. Lo más extraño de todo era que estaba besando a Sadie, la chica de su clase y Seb, estaba del brazo con Sofía.- ¿Qué significa esto?- Murmuró varias veces. De rodillas cayó al piso mientras en su cabeza se desarrollaba una cinematografía a toda velocidad. Ella, ella estaba muerta. Sí, lo sabía. Lo recordaba perfectamente, su cuerpo sin respiración. Los gritos de Teo, quién se revolcaba en el piso de dolor. Sofía inconsciente y él lleno de sangre. ¿Qué había sucedido? ¿Un accidente de tráfico? Una luz blanca, un destello. Sí, algo enceguecedor y luego, todo esto. No, no, no, ¿Porqué Seb le ocultaría algo como eso? Espera. Seb…¿Teo? ¿Acaso eran la misma persona? De pronto recordó el asiento vacío tras su pupitre en el aula, las (ahora) silenciosas clases de Historia, en las que Teo solía discutir con el profesor. Más allá la chica de ojos verdes se da vuelta para mirarle pero no era ella, osea sí, pero no la que recuerda, sino otra.  Una rubia, un poco plástica, quizás hasta idiota. No quién creía que era. 

¿Mat?- Oye decir a una voz temblorosa.

Despierta, Llega a la realidad. Mira el suelo de la biblioteca y luego la foto. Las lágrimas caían sobre ella. Sofía, posó su mano sobre la cabeza del chico tratando de imprimir algo de apoyo, pero ambos lloraban sin limitar sus energías, parecía que hubiesen estado esperando eternidades por ese momento de desahogo y por supuesto, lo habían hecho.

Oye, Seb. Estuve pensando que tal vez sí tenga un trastorno en mi percepción del tiempo, pero solo si la ves del modo clásico. Desde un aspecto relativista podría decirse que el tiempo depende totalmente de la velocidad en la que vayas y claro, de si te mueves o no en el plano.

Pero, Matt. Uno no vive más rápido algunos días de otros, eso no se puede controlar. Es algo universal o ¿No?

No entiendes nada, Seb. Mejor quédate con tus libros aburridos de historia universal.

Jaja, ya. Mejor vamos a clase. Llegaremos tarde… ¡Mira, Matt. Es la chica de la clase de matemática, la de los ojos verdes!

Al mirarla se dio cuenta. Se dio cuenta instantáneamente y por supuesto, también se dio por vencido. Le sería imposible tratar de escapar de una realidad que el mismo había inventado y que poco a poco se hacía cada vez más concreta - ¿Dónde quedé?- se preguntó. Acto seguido, soltó una leve carcajada.

Vamos, Teo… Digo, Seb.

sábado, 26 de enero de 2013



Nueve.
Podría divagar horas en tu mirada, quizás toda la vida; pero estoy en el borde, en aquel abismo que decide el cambio, la experiencia fugaz o la curiosidad permanente. Dicen que los valiente se atreven a amar pero creo que eso es solo cuando la audacia se premia con el anhelado sentimiento. No pretendo excusar mi falta de coraje, pero sí mi cautela, mi necesidad de estudiar el escenario y de no dar por ‘hecho’ ciertas intervenciones probables. Me inclino y observo, pues si se tratara de adrenalina sin duda me lanzaría, si se tratara de mi muerte o de vivir; sin embargo se trata de alguien más, de una presencia cautivadora que me distrae, que me marea; la luz de un pulsar que deambula vivir. Ensueño maravillas, posibilidades de un sufrimiento, de una alegoría. No te tengo, es un hecho; aunque tampoco pretendo hacerlo. Solo quiero observarte, mirar tu vivir, que te conviertas en la “musa”. … Bueno, ya lo eres.

Musa... ¿Acepción masculina o femenina?

“Intento de escapar y encontrar un punto de soporte, de cavilación.
Enfoque intenso de un mirar constante.
Vagabundeo determinado.
Fuente de imaginar o explayar lo concreto, de soñar lo más preciado; de embellecer la realidad o de no embellecerla.”
¿Masculino o femenino? ¿Acaso difiere en la concepción? ¿Porqué el humano se esfuerza tanto en buscar tal diferencia pudiendo encontrar identidad en cualquier otra?

martes, 15 de enero de 2013

Fue como una gran bofetada.
( Sí, lo sé.)


...Entonces, reaccioné.
Había terminado y yo como siempre, retrasada.

Ay, Pobre de mí.

De lo errante a lo corpóreo o ¿Viceversa?

Y de pronto el cuerpo cansado ya no puede "más".
 Se arrastra con vehemencia y palpita con fulgor, sin embargo se daría por vencido en cualquier momento.
A la espera de una conjetura,
de un "cualquier cosa",
palpita y palpita, sin dejar vacío sonoro,
aumenta las frecuencias, incrementa la intensidad;
quizás sea su último atisbo de vida, quizás sea el concho de un pasar obnubilado por todo.
Y tiembla.
Tiembla de pensar en lo que vendrá, aferrándose a la poca física que le queda de este mundo;
ahogándose entre dimensiones, desesperado por no yacer...
... y ¿Qué quieres?
- ¡¿Qué quiero?!- se pregunta.
. . . 
(Se asusta)
. . . 
¿Qué se supone que querría un cuerpo que funciona solo porque sí?
¿A quién preguntarle en el fin de la vida, porqué se inicia tal?
Y no me refiero a por (el) qué, sino porqué.
¿Qué sabría yo de la vida si ni siquiera la poseo?  
¿Que sabría de ella,  si tan solo soy un canal de su representación?
 ¡¿Cómo un ignorante como yo podría dar en el clavo de semejante cuestión?!
¿Sabrán los árboles? ¿Sabrán sus frutos?
. . .
( y ahora se arrepiente, de las pocas charlas que entabló con dichos personajes.)
. . .

Y en la inervación se enerva.
Se desdobla, Se abandona.
(y) Desde el suelo observa a aquel que yacía en sí mismo,
desde allá-agitando su mano- se despide.
Se siente usado, ignorado,
sin rumbo, sin fin
camina por la carretera, bajo el fatigante calor
el sudor recorre su cuerpo, empapa su rostro
-¡Esperen!
(¿qué sucede?)
- No recuerdo mi rostro.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Descuida, todo estará bien.


Aquel instante gélido -casi inmortal- que logra criogenizar todas las memorias, todas las vivencias. Juré en vano, juré por él. Detuve el presente por anhelar un futuro ¿ y si volvía a caer en el abismo?  Ignorar-como siempre- los instintos, huir con la racionalidad sin dar espacio a mutaciones 'íntegras'. El todo y la nada, bipolaridades que prometen colusiones, pero ¿Quién sería el ser perjudicado? 

Te miré- sí, lo sé...Pienso mucho- quise seguirte y gritarte con todas mis fuerzas cuánto te quería ahí conmigo, en ese preciso lugar y  no unos metros más allá alejándote progresivamente hasta un para siempre. El tren llegaba y mi voluntad se perdía como el aire que chocaba en mis pupilas. Te deseaba carnalmente, y no ese carnal referido por completo a la lascivia, sino al quéseyo que acompaña la mirada, aquel factor ontogénico poco percibido que yace implícito en todo ser, puesto que es casi imposible contrariar algo que solo apetece.

Me lo dijiste en numerosas ocasiones: "Entrégate" ¿A qué? Me preguntaba con inquietud, y lo sigo haciendo, cuestionándome hasta un nivel en que fallo; fallo al tratar de encontrar el punto que me fastidia, hasta en eso... Fallo. Y tú sigues ahí mirándome con esa cara de 'ven por mí', esperando algo de mí que ni yo espero, pretendiendo con tus (supuestos) recuerdos modificar mi inercia. 

Y comienzo a esperar mi movilidad, a esperar contigo que mi querer vuelva a ser necesidad y correr tras de ti. Pero me rindo con pocas expectativas. Las guardo, las doblo y las escondo en mi billetera, para poder canjearlas una vez más.

Quizá sea yo la que no bajó la escalera o quizás sea él quién se apresuró al subir al tren... Pero bueno, en estos momentos, no suele ser de mucha relevancia.

lunes, 19 de noviembre de 2012

Últimamente solo tengo palabras para mí.
Tengo miedo, de vez en cuando, de lo que pueden hacer tus ojos, de lo frágiles que resultan ser al desviar la mirada. Tengo ansias de verlos todo el tiempo y el constante anhelo me provoca impotencia; impotencia de sentirme adicta a un suceso tan primitivo, tan inicial... Al encuentro de dos miradas que causan mutuo desconsuelo en la partida.

Y como siempre, logras ser la excusa, la pieza que encaja... Un Buen disfraz para un complejo de poca jactancia. Lamento el egoísmo, pero lamento aún más el 'quererte', el soñarte despierta , el pensarte, el dejarte fingir tan bien  llenar este vacío o más bien, originar dicha cavilación; tanto,  que en ocasiones, llego a temer que poco a poco dejes de ser (el tachado de...) impostor.

Pido tiempo fuera.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Un día (como cualquier otro).



Sí, a veces dicen que no importa, que la convergencia del caos en la vida de un puber no es la gran cosa, pero para el susodicho en cuestión, aquel desorden (aunque sea instantáneo) podría significar la proyección de su vida o en su contrariedad, el fin.

  Ella estaba frente a mí, llorando desconsoladamente. La verdad es que no recuerdo concreta-mente qué fue lo que me llevó hasta ahí, pero suponía que yo era el culpable de todo. Es horrible darte cuenta de cuán equivocado estás con respecto a una situación, o peor... De cuán solo estás en esa situación.
Conocí a Alondra un día normal, como en cualquier otro, caminaba por el Parque Forestal mientras sostenía un libro de Sábato en mi mano. Mamá siempre decía que un día algo malo me sucedería si leía sin  mirar por donde caminaba y creo que algo así sucedió.
Solo me di cuenta cuando caí al piso, después de que ella me arrolló con su bicicleta. Me quedé perplejo sobre el suelo, hasta que una singular voz inquirió con preocupación en cómo me encontraba.  Lo supe en el momento en que la vi a los ojos, era ella; ella y sus gigantescos ojos que me hacían perder hasta el más mínimo desdén que ocultaba hacia esta retorcida y sobreexplotada sociedad en que solía estar inmerso. Su voz era un cántico para mis oídos y no importaba cuántos libros hubiera leído, cada palabra que su boca pronunciaba era nueva para mí. Solo conseguí balbucear mi nombre, acto seguido, ella rió efusivamente hasta quedar sin aire. Sostuvo mi mano y logré ponerme de pie. Busqué mi libro, pero dentro del torpe estado en el que me encontraba, no logre encontrarlo. De pronto, la escuché leer justo la página que había permanecido marcada por largo tiempo: “Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.” 1 .  Luego de comprender, siguió riéndose pero esta vez añadió un “Uhhhhh…”.

Jaja, ¿Quién diría que todo aquello fue un vaticinio de nuestra pronta realidad? Y ¿Qué importan los recuerdos si aquel inicio ya marca en sí un final póstumo o de gran pesar? Si desde el comienzo todo está predestinado ¿Sirve de algo luchar contra aquel destino que nos aplasta sin rastros de clemencia? 
No sé porqué, pero nunca nadie había despertado tal interés en mí y me sentía afortunado de que ella compartiera la vida conmigo; sí, era la vida misma. Y por supuesto que podemos enamorarnos de la vida, tentándonos con ilusiones y siendo expectantes de supuestos que solo se desarrollan en nuestra psique, dejando de lado aquel conjunto de infinitos factores azarosos que podrían contrariar nuestros deseados planes.

Solo sabía mi parte, aquella en la gozábamos de la juventud y nuestra autonomía, de la armonía amorosa que el ser humano anhela, pero… Siempre existe un pero. Un momento de total oscuridad, donde solo existe la ausencia de respuesta.  ¿Qué se supone que hacemos frente a la adversidad?  Y ¿Cuál era mi adversidad en todo esto?

Alondra se moría, sí, como todos, se moría. Sin embargo, aquel acelerador de sucesos cayó sobre ella y por mi parte nunca creí que existiera si quiera una instancia o posibilidad de extender su sonrisa por 9 o 10 minutos más. Nunca había sentido tal impotencia, rabia, tristeza, pesar; me hundí en una nube de la que difícilmente pude escapar, pues el constante recuerdo de sus palabras destruía la idea que alguna vez conseguí construirme de la vida.

Ella estaba frente a mí, llorando desconsoladamente. Y ahora sí lo recuerdo… Recuerdo concretamente lo que me llevó hasta ahí y aunque yo no fuese el culpable, me sentía culpable, culpable en demasía, de mi ignorancia, de mi inutilidad; de estar ahí parado solo susurrando palabras de afecto y reprimiendo aquellas lágrimas que empujaban mis parpados con vehemencia. La misma vehemencia con la ella apretaba mi mano, minutos antes de que su energía se agotara, de que me abandonara o más bien… No lo sé.

(…)Debo ir a mi casa, hace días que no vuelvo, quizás camine por aquel callejón oscuro que me asustaba cuando era chico, quizás me acerque a mirar el Mapocho, quizás pase a saludar a la señora que vende parches curitas afuera de Cal y Canto, quizás ni llegue hoy, quizás lo haga mañana, quizás deba trabajar o quizás deba ir al colegio, quizás llame a mi madre, podría estar preocupada, quizás lo haga o quizás no. Quizás me muera, quizás no vuelva más o quizás deba quedarme aquí, frente a ella. Quizás no quiera vivir o quizás solo tenga que hacerlo.

Mientras tanto camino sin rumbo, como en un día normal, por Parque Forestal. Esta vez con otro libro de Sábato en mis manos, lo abro y leo: "Siempre es levemente siniestro volver a los lugares que han sido testigos de un instante de perfección." 2. Acto seguido, río. Jajaja, ¿Quién lo diría? ¿Extraña coincidencia o tal vez un “te lo dije”? Ah, un carajo.



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1, Ernesto Sabato, El túnel.
2, Ernesto Sabato, Sobre Héroes y tumbas.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Hoy (futuro de un ayer)

Hay muchas cosas que quiero contarte, vernos y no parar de hablarnos durante horas pues también hay mucho que quiero saber; y es que he llegado al punto humano en que las palabras no bastan, que los mensajes en la distancia se desvanecen por la interferencia. Te quiero observar durante horas, vidas... Sí, durante vidas. Quizás con eso me baste, quizás con eso llenaré este vacío que se ha adueñado de mi sentir. Necesito infinitos encuentros, o en su defecto uno solo que dure para siempre(suponiendo aquel siempre como la persistencia de este en la memoria).