¿Quién lo entendería? ¿A quién contarle? Es
cierto, me bajan esos lapsus mortales de humano con comportamiento rutinal.
¿Dónde quedo mi auténtica máscara que nunca revela lo cierto de mi existir?
Actúo, de preferencias sin explicar los porqués
y he ahí el dilema: aquel instante en que comienza el juicio, indoloro pero
incómodo; pues inicia ese sentimiento de no entender, de sentirme afuera de
todo este universo y ¿Qué hay fuera del universo? ¿Nada? ¿Materia/energía
oscura? ¿Soy aquello de lo que no se tiene información?
Vivo normalmente, anhelando el agobio o quizás
el inhibir mi actividad cerebral. Bebo palabras que otros vomitan; mis ojos
cansados ya no pueden si quiera morir, aún así sonrío; ilumino lugares, esculpo
obras de otros poseedores, expando visiones. Espero momentos para escapar, pues
soy una oportunista que en parte, agradece
sobrevivir en este sobre-explotado y monótono universo idiomatizado,
donde es un desafío actuar por instinto, des-fragmentar aluciones, concretar
aforismos.
Es excitante conocer la contienda, pero aún así
me inquieta la posibilidad de que el
infiltrarme logre convertirme en una más de los adictos a la verdad.
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