Y me es difícil comprender por qué se esfuma en esta noche tan oscura. ¿Cuántas tardes encontraré su abrigo en mi portón? ¿cuántas veces su fidelidad, ahogará mi felicidad? Me es difícil entender por qué lo amo tanto, si después de todo el nunca me ha dado algo en concreto. & tal vez, ese no darme algo, me hace anhelar aún más algo que nunca tendré... Su calor.
martes, 15 de febrero de 2011
un hábito sucio.
Empujo la luna con la mirada
y me tomo un vaso de locura.
Remojo la conciencia en ron polvorizado,
e inhalo un papelillo de la peor calaña.
El columpio zigzaguea
al jugar con mi mascota,
cantan una canción
mientras mis dedos se pierden
en la sangre que impregna.
Te miro desde la ventana,
hipnotizando al pasado que nunca volvió.
Aquel pasado del cual sin temor te encargaste,
para que se perdiera
en el sendero de vuelta.
No te hablo, ni respiro;
te escucho inquieto
desde el balcón del tercer piso.
¿y que tendría de intrínseco
caer al vacío?
Tus palabras te ahogan,
& me contagian tus agonías.
Luego gritas que me odias
y que sin mi
la vida seguiría siendo una tertulia.
Exhalo mi última carcajada
y desciendo de mi papel de mala.
Me miras y dices que me amas
que sin mi la vida sería una ganga.
Pero que mala suerte,
digo ensimismada.
Tu fortuna,
desgraciadamente se acaba.
Cierras la ventana
y me gritas que me vaya.
Acto seguido dispongo a mi marcha,
pero corres tras de mí
y besas mi cara.
Dices que jamás volverá a suceder,
pero cada noche es más difícil
que vuelva a amanecer.
La luna ya no tiene fuerzas para retornar,
ni yo las ganas para empujar.
Y así las tazas siguen sucias,
y el perro con falsa amargura,
la soledad inmersa en la ventana
y tu y yo en medio de nada.
¡Qué vida! ¡Qué cagada!
¡Qué engaño es el antaño!
La adicción, el argumento de la canción.
Qué mentira, nuestra vidas.
O quizás ¡Qué real!,
el instante en que nuestras miradas
esperan escapar.
y me tomo un vaso de locura.
Remojo la conciencia en ron polvorizado,
e inhalo un papelillo de la peor calaña.
El columpio zigzaguea
al jugar con mi mascota,
cantan una canción
mientras mis dedos se pierden
en la sangre que impregna.
Te miro desde la ventana,
hipnotizando al pasado que nunca volvió.
Aquel pasado del cual sin temor te encargaste,
para que se perdiera
en el sendero de vuelta.
No te hablo, ni respiro;
te escucho inquieto
desde el balcón del tercer piso.
¿y que tendría de intrínseco
caer al vacío?
Tus palabras te ahogan,
& me contagian tus agonías.
Luego gritas que me odias
y que sin mi
la vida seguiría siendo una tertulia.
Exhalo mi última carcajada
y desciendo de mi papel de mala.
Me miras y dices que me amas
que sin mi la vida sería una ganga.
Pero que mala suerte,
digo ensimismada.
Tu fortuna,
desgraciadamente se acaba.
Cierras la ventana
y me gritas que me vaya.
Acto seguido dispongo a mi marcha,
pero corres tras de mí
y besas mi cara.
Dices que jamás volverá a suceder,
pero cada noche es más difícil
que vuelva a amanecer.
La luna ya no tiene fuerzas para retornar,
ni yo las ganas para empujar.
Y así las tazas siguen sucias,
y el perro con falsa amargura,
la soledad inmersa en la ventana
y tu y yo en medio de nada.
¡Qué vida! ¡Qué cagada!
¡Qué engaño es el antaño!
La adicción, el argumento de la canción.
Qué mentira, nuestra vidas.
O quizás ¡Qué real!,
el instante en que nuestras miradas
esperan escapar.
that night.
Miró hacia el cielo e imaginó cómo hubiera sido su vida con él. Despertó a medianoche, con frío y sin compañía en aquel pastizal. Tal vez la cosas pasan por algo o simplemente ese es nuestro único consuelo.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Pétalos de flor de cerezo.
/Caminas sin darte cuenta de lo que hay a tu alrededor, de las presencias que te persiguen o de los envidiosos que te atacan. Todos te admiran por que no te importa la opinión de los demás, por que vives la vida a tu manera, sin restricciones. /Nunca supe quien era, durante los 10 años de escuela que tuvimos juntas. Siempre tenía aquella predecible descripción suya. Sin embargo, esa tarde le vi indefensa- vulnerable ante cualquier insecto que pasase por ahí-pues, lloraba.
Me dirigí hacia donde estaba, con gran determinación hasta que, pétalos de flor de cerezo comenzaron a caer desde el cielo... Era primavera.
Recogí un poco de ellos entre mis manos y los puse sobre sus piernas. Me miró con cara desentendida y le dije: "Cuando era pequeña solía jugar en esta plaza con papá. Una vez me caí y me hice una herida profunda en la rodilla, mis amigos se reían y yo lloraba desconsoladamente. De pronto, un puñado de pétalos de flor de cerezo cayó sobre mi pierna y papá reía alegremente. Me pidió que mirara aquel árbol del que provenían las flores, y con una voz serena dijo: Existen diferente etapas en la vida, frías y oscuras , muy alegres y cálidas, algunas vacías y otras maravillosamente inolvidables. No te apresures, por que todas llegan a su debido tiempo. Pero hoy no llores... ¡Es primavera!"
Sus lágrimas se detuvieron y miró hacia aquel cerezo que nunca había notado en su andar matutino. Se rió y entre carcajadas dijo: Después de todo, soy bastante estúpida y vulnerable. Un poco ciega y sorda. Tal vez, no sea malo oír las opiniones de los demás, de vez en cuando, o mejor dicho, aceptar que si las oigo.
Se puso de pie y en la lejanía dio media vuelta. Me observó e hizo una reverencia en señal de gratitud. La vi al día siguiente, cerca de la pileta...Mirando aquel hermoso reflejo del mi árbol favorito, el cerezo.
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