Aquel instante gélido -casi inmortal- que logra criogenizar todas las memorias, todas las vivencias. Juré en vano, juré por él. Detuve el presente por anhelar un futuro ¿ y si volvía a caer en el abismo? Ignorar-como siempre- los instintos, huir con la racionalidad sin dar espacio a mutaciones 'íntegras'. El todo y la nada, bipolaridades que prometen colusiones, pero ¿Quién sería el ser perjudicado?
Te miré- sí, lo sé...Pienso mucho- quise seguirte y gritarte con todas mis fuerzas cuánto te quería ahí conmigo, en ese preciso lugar y no unos metros más allá alejándote progresivamente hasta un para siempre. El tren llegaba y mi voluntad se perdía como el aire que chocaba en mis pupilas. Te deseaba carnalmente, y no ese carnal referido por completo a la lascivia, sino al quéseyo que acompaña la mirada, aquel factor ontogénico poco percibido que yace implícito en todo ser, puesto que es casi imposible contrariar algo que solo apetece.
Me lo dijiste en numerosas ocasiones: "Entrégate" ¿A qué? Me preguntaba con inquietud, y lo sigo haciendo, cuestionándome hasta un nivel en que fallo; fallo al tratar de encontrar el punto que me fastidia, hasta en eso... Fallo. Y tú sigues ahí mirándome con esa cara de 'ven por mí', esperando algo de mí que ni yo espero, pretendiendo con tus (supuestos) recuerdos modificar mi inercia.
Y comienzo a esperar mi movilidad, a esperar contigo que mi querer vuelva a ser necesidad y correr tras de ti. Pero me rindo con pocas expectativas. Las guardo, las doblo y las escondo en mi billetera, para poder canjearlas una vez más.
Quizá sea yo la que no bajó la escalera o quizás sea él quién se apresuró al subir al tren... Pero bueno, en estos momentos, no suele ser de mucha relevancia.
