sábado, 27 de abril de 2013
VII
¿Quién lo entendería? ¿A quién contarle? Es
cierto, me bajan esos lapsus mortales de humano con comportamiento rutinal.
¿Dónde quedo mi auténtica máscara que nunca revela lo cierto de mi existir?
Actúo, de preferencias sin explicar los porqués
y he ahí el dilema: aquel instante en que comienza el juicio, indoloro pero
incómodo; pues inicia ese sentimiento de no entender, de sentirme afuera de
todo este universo y ¿Qué hay fuera del universo? ¿Nada? ¿Materia/energía
oscura? ¿Soy aquello de lo que no se tiene información?
Vivo normalmente, anhelando el agobio o quizás
el inhibir mi actividad cerebral. Bebo palabras que otros vomitan; mis ojos
cansados ya no pueden si quiera morir, aún así sonrío; ilumino lugares, esculpo
obras de otros poseedores, expando visiones. Espero momentos para escapar, pues
soy una oportunista que en parte, agradece
sobrevivir en este sobre-explotado y monótono universo idiomatizado,
donde es un desafío actuar por instinto, des-fragmentar aluciones, concretar
aforismos.
Es excitante conocer la contienda, pero aún así
me inquieta la posibilidad de que el
infiltrarme logre convertirme en una más de los adictos a la verdad.
II
Sentía
miedo, o más que eso, terror. Tenía terror de convertirme en una persona fría o
de que él me viera como tal, nunca me importó lo que la gente pensara de mí
pero justo en ese ridículo instante todo
se volvió tremendamente importante. Mis gestos, mi respiración, mi tono de voz.
Mi voz que por minutos no escuché y aunque intenté hablar en variadas ocasiones
su mirada siempre podía más que cualquier atisbo de voz que pudiera forzar. No
quería decir algo en lo absoluto y estoy tan segura (pero tan segura) de que él
lo comprendía a la perfección, -y- aún así, la esperaba. Esperaba la palabra
concreta, una sutura para esta herida que no paraba de sangrar. Era la primera
vez que perdía los estribos, mi mente recordaba
todas aquellas frases tan peculiares de mi inherencia, buscando un qué
decir, condicionado por un qué sería lo indicado… Recordé la clase de
matemática y luego la de historia, la de biología que tanto odiaba pero que a
la vez esperaba con ansias pues era la última del día. Sentí, sobre la cabeza, la mano de papá
revoloteando mi cabello y lo añoré, lo añoré tanto.
¿Cuántas
películas podrían pasar por mi cabeza en tan solo segundos? ¿Cuántas debían
pasar?
“No
puedo…” fue lo único que pude pronunciar. Lo amaba y él lo sabía. Siempre lo
supo, desde que me ofreció fuego para
mis cigarrillos artesanales… Jaja, lo supo incluso antes que yo misma.
Puente decadente.
Últimamente se hacen más frecuentes; sí, aquellos arranques de querer matar a todos, de sentirme sola... ¿Hace cuánto que no estoy sola? Esas voces que nunca acallan,¿Qué hago?.
Soy una vasalla de mí misma, ¿Cómo es que apuesto-entonces- a la libertad? Me siento enferma, a diario, imposibilitada frente a lo comunicacional y no me refiero simplemente a lo fático, si no también a lo ilocutivo, a mi impotencia constante de mi exteriorización. No quiero puentes, no los quiero. Quiero silencio, solo yo y solo yo. Descansar de ese insistente ir y venir banal de palabras aún más banales.
Soy una vasalla de mí misma, ¿Cómo es que apuesto-entonces- a la libertad? Me siento enferma, a diario, imposibilitada frente a lo comunicacional y no me refiero simplemente a lo fático, si no también a lo ilocutivo, a mi impotencia constante de mi exteriorización. No quiero puentes, no los quiero. Quiero silencio, solo yo y solo yo. Descansar de ese insistente ir y venir banal de palabras aún más banales.
Me agobio de sed. Tengo pena, mas no reparo en llorar, siento nostalgia de mí misma. ¿Quién soy? ¿Qué me están haciendo? Me cuesta distinguir la agencia de los sucesos, si es que soy yo o es mi noséqué subconsciente, inconsciente y esas cosas Freudianas que acotan el vivir.
¿Qué hago? ¡Si tan solo pudiese descansar de todas estas significaciones! ¿Qué hago? ¿ Maquinizar-me? ¿Olvidar mi ego? ¿...? ¿Llega mi dolor a ser consciente? ¿Llego "yo" a serlo?
Alguien golpea la puerta, no iré a abrir. So los espíritus que buscan mi cuerpo, lo sabía. Él nunca me creyó. Nadie nunca lo hace, ¿Cómo arriesgarse a repetir un patrón tan mortífero? Nunca creeré en la diferencia y sí, los culpabilizo a todos: sin excepción.
Todo sigue igual, con el mismo color, es solo que las hojas ya no fingen sombras ni el sol calienta la arena. Uf, ni en la soledad puedo dejar de escucharle, ¿Qué quiere?
Si tan solo, si tan solo...tú.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)