domingo, 18 de septiembre de 2011

Me pregunto si estás feliz, si puedes ver el cielo azul y los árboles florecer. Me pregunto si estamos en el mismo espacio, si compartimos coordenadas.
Recuerdo cómo solíamos sentir, pero ya no siento igual. Me pregunto si estás sonriendo como lo solías hacer, me pregunto tantas cosas sobre ti... Y es que comienza la primavera y las flores aparecen, pero tú no. ¿Dónde estás?

Feliz día como todos los otros.

lunes, 12 de septiembre de 2011

martes, 6 de septiembre de 2011

Hoy te busqué en la rima que duerme, con todas las palabras. Si algo callé es porque entendí todo, menos las distancia. Desordené átomos tuyos para hacerte aparecer. Un día más, un día más. Arriba el sol, abajo el reflejo de cómo estalla mi alma. Ya estás aquí, y el paso que dimos es causa y es efecto. Cruza el amor, yo cruzaré los dedos... Y gracias por venir. ¡Gracias por venir! Adorable puente se ha creado entre los dos. Cruza el amor, yo cruzaré los dedos Y gracias por venir. ¡Gracias por venir! ¡Gracias por venir!¡Gracias por venir! Adorable puente... Cruza el amor... cruza el amor por el puente. Usa el amor como un puente. (Puente, álbum Bocanada 1999, Gustavo Cerati)


Gracias por venir, Gustavo. ¡Gracias por venir!

viernes, 2 de septiembre de 2011

H(*)ola.

Le vi en el escenario, en nuestro primer encuentro. A pocos metros, cantando mi canción favorita, riendo irónicamente sin saber que probablemente, horas después de aquellas circunstancias me enamoraría perdidamente de aquel recuerdo que mi psiquis retuvo de él.

Y ahora le veo entre ojos, entre la vida y la inconsciencia. Tratando de utilizar el suelo como el sedante de aquel frío inexistente o en su defecto, del sofocante calor de su sonrisa; de aquel brillo en sus ojos que actúa como el purificador de mi alma, incitándola a pecar constantemente.

Su tacto se desliza a través de mis pensamientos y hiere a la razón, empujando a la locura a formar parte de este relato.

Me equivoco. Cedo al caer en la inseguridad, tras aquella lucha constante de saber y posesión de la voluntad, me quiebro. Sé que no se trata meramente del amor, sino de la aflicción y el temor; aquel instante casi póstumo en el que tu voluntad ya no irradia.

Y comprendí que vivimos experiencias paralelas. Que podremos mirarnos infinitamente, pero que nunca llegaré a saber si eres de verdad. Que no habrá una secante que interceda en nuestro actuar, porque ninguna señal tuya podrá tocar mi espacio y perturbar mi realidad.

Aun así espero un gesto, una cavilación, una señal, un alumbramiento, sabiendo que nada pasará. Nada pasa siempre. Pues tú siempre has sido la estatua rígida, aquella en la que no puedo provocar cambio alguno. Viví de tu sombra, de mi mal construirte. Nunca comprenderás, pues nunca he comprendido yo, cómo es que he logrado navegar a través de este obstinado y embriagante mar.