Tengo miedo, de vez en cuando, de lo que pueden hacer tus ojos, de lo frágiles que resultan ser al desviar la mirada. Tengo ansias de verlos todo el tiempo y el constante anhelo me provoca impotencia; impotencia de sentirme adicta a un suceso tan primitivo, tan inicial... Al encuentro de dos miradas que causan mutuo desconsuelo en la partida.
Y como siempre, logras ser la excusa, la pieza que encaja... Un Buen disfraz para un complejo de poca jactancia. Lamento el egoísmo, pero lamento aún más el 'quererte', el soñarte despierta , el pensarte, el dejarte fingir tan bien llenar este vacío o más bien, originar dicha cavilación; tanto, que en ocasiones, llego a temer que poco a poco dejes de ser (el tachado de...) impostor.
Pido tiempo fuera.
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