Nueve.
Podría divagar horas en tu mirada, quizás toda la vida; pero estoy en el borde, en aquel abismo que decide el cambio, la experiencia fugaz o la curiosidad permanente. Dicen que los valiente se atreven a amar pero creo que eso es solo cuando la audacia se premia con el anhelado sentimiento. No pretendo excusar mi falta de coraje, pero sí mi cautela, mi necesidad de estudiar el escenario y de no dar por ‘hecho’ ciertas intervenciones probables. Me inclino y observo, pues si se tratara de adrenalina sin duda me lanzaría, si se tratara de mi muerte o de vivir; sin embargo se trata de alguien más, de una presencia cautivadora que me distrae, que me marea; la luz de un pulsar que deambula vivir. Ensueño maravillas, posibilidades de un sufrimiento, de una alegoría. No te tengo, es un hecho; aunque tampoco pretendo hacerlo. Solo quiero observarte, mirar tu vivir, que te conviertas en la “musa”. … Bueno, ya lo eres.
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