lunes, 10 de junio de 2013

Ya no era el mismo.
Yo tan caprichosa y él tan distinto.
Sus ojos, sus ojos, sus ojos,
sus ojos ya no bailaban con los míos,
se desdoblaban.
Yo tan culpable y soez,
quería quererle,
quería ser sostenida siquiera una vez,
pero sus brazos pesaban en mi cintura.
¿Quiénes éramos? ¿Quiénes éramos "antes"?
El olvido se había escurrido entre nuestras yagas,
entre tantas heridas que nunca cicatrizaron.
Tu voz tan lejana, casi de palo.
El sonido de una gota frívola 
reverberaba más que mis pensamientos...
La anarquía nunca me había parecido tan cruel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario