Siempre contemplo tu silueta
desde la lejanía, deseando ser yo
la que está entre tus brazos;
deseando ser yo la que hubiese
hablado; deseando cambiar aquello
que no sucedió, reviviendo el ayer
y olvidando aquel hoy que se
ha vuelto tan lejano... En el origen
de este indagar mío.
¿Qué sucedió?
... Después de todo, siempre tendremos un límite de expresión: El cuerpo.
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