Las noches son frías y los astros lloran. La leña se acaba y el horno ya está jubilado. Suelo recurrir al chaleco de lana que me obsequiaste la primera navidad que pasamos juntos, pero ya no abriga como antes.
Miro por la ventana tratando de encontrar una respuesta; una respuesta a esa gran interrogante con la que lucho diariamente. Pero el desvelo es solo otra excusa más para pensar en ti, para sentir tu aroma y tus caricias, tus alegrías e inquietudes.
Trato de asimilar que despertar en el sillón junto al ventanal sea ha convertido en un hábito; que beber tu jugo favorito es solo una costumbre imborrable; trato de calmar mi actuar cuando miro tus fotos...
Y ¿Quién sabe dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Porqué te llevaron? ¿Quién quiso que esto fuera así?
Te busco a diario. En el garaje, en tu oficina, en nuestra habitación, en la boca del perro, en tus papeles de negocios, en mis cuadernos, en mi mente... ¿Cómo es que de un momento a otro te convertiste en alguien inmortal? ¿Porqué ya no soy capaz de matar por amor?
Miro por la ventana tratando de encontrar una respuesta; una respuesta a esa gran interrogante con la que lucho diariamente. Pero el desvelo es solo otra excusa más para pensar en ti, para sentir tu aroma y tus caricias, tus alegrías e inquietudes.
Trato de asimilar que despertar en el sillón junto al ventanal sea ha convertido en un hábito; que beber tu jugo favorito es solo una costumbre imborrable; trato de calmar mi actuar cuando miro tus fotos...
Y ¿Quién sabe dónde estás? ¿A dónde te fuiste? ¿Porqué te llevaron? ¿Quién quiso que esto fuera así?
Te busco a diario. En el garaje, en tu oficina, en nuestra habitación, en la boca del perro, en tus papeles de negocios, en mis cuadernos, en mi mente... ¿Cómo es que de un momento a otro te convertiste en alguien inmortal? ¿Porqué ya no soy capaz de matar por amor?
Cuéntame, por que supongo que allá, a ti te habrán aclarado estas dudas.
Tuya, Melanie.-
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